Hola a todxs!

Estoy llegando al final del segundo día en  Nueva Zelanda, y he conseguido vencer a la pereza y ponerme a escribir esta entrada… Os cuento resumidamente el viaje y las primeras impresiones en “kiwiland” 🙂

Sobrevivir al vuelo

Fueron en total unas 38 horas de viaje las que tuve que atravesar para llegar hasta aquí.

Primero la odisea de trenes hasta llegar a la T2 de Barajas, que contando el tiempo de espera en la propia terminal y demás interrupciones, sumaron unas 10 horas. Ahora sé que fue un error no volar de Alicante a Madrid para acortar el viaje.

Una vez en Barajas, empezaba la segunda odisea: la de los vuelos. Volaba con la compañía SWISS. El primer vuelo hasta Zúrich fantástico: un avión prácticamente nuevo en el cual me senté en ventanilla y donde nos ofrecieron un pequeño tentempié en forma de mini-bocadillo. Llegados a Zúrich me tocó correr: había muy poco tiempo de escala para realizar el transbordo, y tuve que atravesar un control de pasaporte y luego caminar bastante hasta llegar a la puerta asignada para coger el vuelo hacia Singapur. Al final me sobraron algunos minutos pero el momento de estrés lo pasé.

2º vuelo, el más largo, 12 horas, también con SWISS, en un Boeing 777 con 7 asientos por fila (3-4-3) donde había escogido pasillo para poder levantarme cuando me apeteciera sin molestar a los “vecinos”. Nos sirvieron cena y desayuno y, a pesar de ser el vuelo más largo, lo llevé bastante bien, entre alguna partida al tetris, escuchar algo de música y tratar de dormir (lo cual como ya esperaba resultó misión imposible).

Y llegamos a Singapur y su gigantesco aeropuerto. 2 horas y 50 minutos de transbordo que aprovecho para hacer algo de “turisteo” por el aeropuerto, incluyendo un “street food market” (dentro del propio aeropuerto), donde cambio 10 euros por 10 dólares de Singapur. Llega el momento de embarcar, para lo cual antes pasamos un nuevo control de seguridad, esta vez con escáner de maletas incluido. Una vez superado el mismo nos hacen entrega de la “New Zealand Passenger Arrival Card”, un documento que debemos rellenar con nuestros datos indicando el motivo del viaje a Nueva Zelanda, declarando mercancías “peligrosas” que transportamos, etc. Y embarcamos.

Este último vuelo, de unas 10 horas, está operado por Singapore Airlines. Nada más entrar se nota que es bastante más viejo que los de SWISS, aunque tiene la ventaja de que “solo” hay 6 asientos por fila (3-3-3). De nuevo voy en pasillo para poder levantarme a menudo. Lo malo de este vuelo fue que el asiento me resultó muy incómodo: se me clavaba en los riñones, lo cual acabó pasándome factura. También nos sirvieron cena y desayuno, algo peor que con SWISS pero bastante comestible. El servicio en cambio bastante más amable que con la compañía suiza.

La cuestión es que este último vuelo se me hizo MUYYYY largo. Supongo que entre el cansancio acumulado, lo incómodo del asiento y demás… se me juntó todo y acabé muerto!

LlegaDA a Nueva Zelanda

Por fin, después de unas 38 horas de viaje, piso tierra en el aeropuerto de Christchurch. Y llega uno de los momentos más temidos: el control de aduanas.

Nada más bajar del avión, los pasillos nos conducen directamente al control de aduanas. Fui de los últimos en bajar del avión, lo cual supuso tragarme una cola memorable en dicho control, pues había muy pocas ventanillas abiertas para la cantidad de gente que éramos. En este sentido punto negativo para las autoridades de NZ, pues cuando llegas tan cansado lo último que te apetece es hacer una cola enorme esperando turno durante más de media hora.

En la tarjeta de llegada declaro que llevo material de “outdoor”, lo cual como me esperaba me supuso la inspección de la maleta, que pasé sin problemas. Había tomado la precaución de lavarlo todo bien en casa, incluyendo frotar concienzudamente la suela de las botas con jabón y un cepillo.

Otra de las cosas que temía del viaje en avión era llevar la mochila fotográfica LowePro ProRunner 450 AW, que con sus 29 centímetros de fondo superaba los 23 en teoría permitidos (siendo más pequeña en las otras dimensiones máximas permitidas). Además llevaba de peso unos 10.5 kg. Afortunadamente no tuve ningún problema en este sentido en ninguno de los 3 vuelos. Aunque, como anéctoda, en el primero de SWISS en el Bombardier me costó bastante meter la mochila en el compartimento superior.

En cuanto a los otros requisitos de entrada en el país, no me preguntan nada: ni por el vuelo de vuelta (quizás porque les consta en mis datos), ni por el efectivo disponible.

Una vez superado todo, el anfitrión de la casa de Airbnb donde me voy a alojar esta primera semana vino a recogerme al aeropuerto (muy amable por su parte). Llego a la casa y tras cenar algo y ducharme me acuesto a dormir, porque estoy tan cansado que apenas soy capaz de hablar.

DÍA 1: VISITA A CHRISTCHURCH

Este primer día amanece lloviendo, así que decido dedicarlo a visitar la ciudad y aprovechar para sacar efectivo en un cajero automático, comprar una MetroCard (bonobús) y también ibuprofeno y alguna cosilla más. SIM card no pude comprar ya que al ser Viernes Santo la mayoría de tiendas están cerradas.

Recorro deambulando sin rumbo fijo el centro de la ciudad, donde son muy apreciables los efectos de los terremotos de 2010-2011. A pesar de ello, me ha parecido una ciudad encantadora: amplia, abierta, verde, sencilla… muy agradable para pasear sin rumbo fijo.

Y ahora perdonadme pero… me voy a dormir! Mañana más, aunque no prometo escribir mañana 😛