Esta mañana (23 de Junio de 21017) he volado de vuelta a Christchurch, la ciudad donde pisé suelo neozelandés por primera vez, hace ahora hace algo más de dos meses.

El círculo se cierra, el viaje llega a su fin.

En estos momentos no puedo evitar tener la sensación de que todo ha pasado muy deprisa, apenas un suspiro. Como si hubiera sido un sueño del que ahora comienzo a despertar. En verdad, así ha sido: un sueño hecho realidad.

Quiero pensar que no soy el mismo después de este viaje. Un viaje que, como ya decía en facebook, consistía (entre otras cosas) en enfrentarme a mis miedos. Estoy bastante convencido de que así es: de que este viaje por aire, mar y, sobre todo, carretera, me ha cambiado.

Han sido en total unos 7.500 kilómetros los recorridos con mi coche, que compré justamente aquí, en Christchurch, y que he tenido la gran suerte de poder vender una vez cumplida su labor.

¿Conclusiones?

Creo que aún es pronto, sobre todo porque ni siquiera he vuelto a España (aunque mi cabeza ya está más allí que aquí).

Hay una muy obvia: hay que ir a por ellos, a por los sueños. Y poder decir, como poco, “lo intenté”. Que estuve aquí. En Nueva Zelanda. Algo que parecía tan lejano (y no solo por los 19.000 kilómetros) hace apenas unos meses.

Ahora soy consciente de lo bloqueado que estaba al principio. Aterrado. Paralizado por esos miedos. Sí, no soy el mismo después de esto.

Por cierto, aprovecho para pedir disculpas, pues no he escrito en el blog en estos dos meses. He estado ocupado viviendo un sueño.

Pasado mañana vuelo hacia España. Nos vemos pronto.